Por Édgar Moreno.

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En 20 años, la población con acceso a la red ha crecido vertiginosamente de miles a billones de usuarios. Como consecuencia, el sector público enfrenta nuevos retos en su comunicación política. Por un lado, el acceso a la información se ha extendido como nunca antes: la naturaleza de la información como bien público ha generado una disponibilidad prácticamente ilimitada de datos en un tiempo oportuno.

Por otro lado, la producción y el desarrollo de contenidos totalmente descentralizados ha transformado la forma en la que las personas intervenir en el debate público y participar en acciones colectivas. Mientras la comunicación se hace más densa, compleja y participativa, los usuarios de la red también desarrollan su conocimiento sobre cómo lidiar con la nueva realidad informativa: en la que blogs, twitter, facebok y otras redes sociales están en el centro de la discusión política.

Después de que “blog” fue la palabra más buscada en internet durante 2004, muchos analistas políticos aseguraban que estos espacios serían definitorios de las contiendas electorales. El número de blogs creció de 50 en 1999 a 70 millones en 2007. Ahora, las redes sociales como twitter y facebook han generado intuiciones similares.

Sin embargo, ¿son realmente tan influyentes las redes sociales? La evidencia empírica es mixta: mientras hay académicos que han demostrado que son influyentes en la medida en que llegan a formar la opinión de las élites o articular causas sociales; otros, en cambio, han encontrado una influencia limitada en redes sociales, porque son muy pocos quienes siguen argumentos de fondo de manera regular y porque la credibilidad de la mayoría de los usuarios es más bien baja.

Las lecciones más sólidas alrededor de las redes sociales son respecto a sus efectos sobre el debate democrático. Mientras hay quienes proponen que las redes promueven una mayor transparencia y participación política al facilitar la acción colectiva y promover una tendencia central hacia la verdad, la evidencia sugiere que su verdadero efecto es la polarización, dado que fomentan que los usuarios simplemente confirmen sus prejuicios y opiniones preconcebidas, debilitando el debate serio y el intercambio de ideas diferentes.

 

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