Existe evidencia extensa que demuestra que el bono demográfico es un factor que impacta positivamente en el crecimiento económico. Se dice que hay un bono cuando se han reducido las tasas de natalidad y mortalidad, conduciendo a una estructura demográfica en la que la población infantil y de adultos mayores es menor a la población económicamente activa. Los tigres asiáticos son ejemplos que soportan esta teoría. Cuando Corea del Sur pasó por esta etapa (1960-1990) tuvo un crecimiento promedio de 6.7% anual. Sin embargo, el bono demográfico es sólo una oportunidad. Y sin las políticas económicas y sociales adecuadas puede ser insuficiente para elevar el crecimiento económico y convertirse en un riesgo para el largo plazo.

Actualmente, América Latina está atravesando por esta etapa privilegiada. La mayoría de la población se encuentra entre los 15 y 59 años de edad; es decir, hay un mayor potencial productivo al haber más personas que trabajan, producen, ahorran e invierten que personas dependientes (gráfico 1). Sin embargo, a partir de 2020, la proporción de la población económicamente activa va a empezar a disminuir gradualmente, mientras que la de mayores de 65 años empezará a aumentar, poniendo a la región en una situación vulnerable. Por ello, es fundamental que los gobiernos de la América Latina tomen acciones inmediatas para materializar el potencial del bono demográfico y estar preparados cuando la estructura demográfica empiece a cambiar.

Gráfico 1: Estructura de envejecimiento de la población latinoamericana

Fuente: CEPAL..

Es fundamental implementar programas y políticas públicas para incrementar la productividad y profesionalización de la juventud latinoamericana. Actualmente, 19% de los jóvenes entre 15 y 25 años ni estudia ni trabaja (gráfico 2). Sólo la mitad de los estudiantes que cursan la secundaria se gradúa –el promedio de escolaridad de la región no llega a 9 años (gráfico 3). Esta situación representa un problema grave en la actualidad al dificultar la profesionalización de la fuerza laboral y se agravará en el futuro cuando los jóvenes se enfrenten al mercado laboral y constaten que sin estudios, las opciones de encontrar un trabajo bien remunerado se vuelven cada vez más escasas. 

Gráfico 2: Porcentaje de jóvenes entre 15 y 24 años que no estudian, ni trabajan (2013)

Fuente: Organización Internacional del Trabajo

 

Gráfico 3: Promedio de años de escolaridad (2012)

Fuente: CEPAL, Barro-Lee.

 

Por otro lado, la falta de educación de calidad hace que el problema sea aún más grave. De los estudiantes que se gradúan de secundaria, menos de la mitad cuentan con las competencias básicas requeridas por los empleadores. De acuerdo con la empresa de recursos humanos, Manpower, el 39% de las empresas latinoamericanas no logran cubrir sus vacantes con talento local. Es inminente mejorar la calidad educativa con la participación del sector privado y  la academia. Se debe incrementar la educación práctica, la capacitación en el trabajo e incluir nuevas carreras y materias que se adapten a las nuevas industrias, de manera que los jóvenes desarrollen las destrezas que se ajustan a la demanda de los empleadores.

Además, es esencial trabajar por reducir la deserción escolar. Es necesario tomar medidas para concientizar a los jóvenes sobre la importancia que tiene la preparación académica para su futuro enfatizando que al completar la educación secundaria y terciaria los jóvenes impulsarán su empleabilidad y podrán acceder a empleos de mayor calidad. Hay evidencia de que una intervención informativa puede ser de bajo costo y tener grandes beneficios para retener a los jóvenes en la escuela.

Es imprescindible llevar a cabo acciones que realmente impulsen la capacidad de ahorrar, invertir y pagar impuestos de la fuerza laboral. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, de los jóvenes que trabajan, más de la mitad lo hace en el mercado informal. Es esencial trabajar por combatir la informalidad de manera que se logre maximizar los beneficios del bono demográfico. En caso contrario, los países de América Latina no contarán con los recursos necesarios para sustentar la seguridad social de sus habitantes. Además, es fundamental que se desarrollen herramientas para promover una inserción laboral adecuada para los jóvenes que se gradúan.

En México, Colombia y Brasil la década más importante del bono demográfico inició en 2014, por lo que resulta inminente tomar medidas adecuadas para hacer de este proceso una oportunidad y no un riesgo. Con las medidas adecuadas, los próximos años pueden traducir nuestra situación demográfica en un mayor crecimiento económico y una sociedad mejor integrada.