¿Cuánto vale estar mejor preparado que los demás? ¿Qué tanto se va a reflejar un año más de estudio en mi ingreso futuro? ¿Vale la pena terminar la secundaria o es mejor empezar a trabajar desde chico? Éstas son sólo algunas de las preguntas que se hacen estudiantes y padres de familia para decidir si vale la pena seguir invirtiendo recursos y esfuerzos en educación.

Existen numerosos estudios económicos en los que se evidencian los beneficios que trae consigo una mayor escolaridad. En su mayoría se demuestra la alta correlación que existe entre mayores niveles educativos (o años escolares cursados) y el ingreso percibido. Y aunque las correlaciones no permiten establecer causalidad, resulta intuitivo concluir que los trabajadores con mayor preparación pueden acceder a más oportunidades de  trabajo y mejores remuneraciones.

A muchos de nosotros nos puede parecer indiscutible que una buena preparación académica eleve las oportunidades profesionales de una persona. Sin embargo, los beneficios educativos no son tan obvios para todos. ¿Cuántas veces hemos intentado persuadir –sin éxito— a alguien de estudiar, de terminar la preparatoria, la universidad o de hacer una maestría? La percepción que tiene cada persona sobre el valor de terminar la primaria, secundaria, preparatoria o tener una carrera técnica o profesional es un elemento fundamental al determinar su permanencia dentro del sistema educativo, ya que contra este elemento se comparan las alternativas que representa salir del sistema, como el ingreso que se obtendría al dejar de estudiar, por ejemplo.

Uno de los elementos clave que en México afecta la percepción de los beneficios escolares radica en las tasas de desempleo, ya que esta tasa aumenta en los segmentos de la población con mayor preparación académica. La explicación es simple: vivimos en una economía poco desarrollada en la que el sector de servicios no termina de despegar y el grueso de la demanda de trabajo se encuentra en el sector industrial, como es la manufactura de bienes. En la mayoría de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sucede justo lo contrario, las tasas de desempleo disminuyen en la medida en que los trabajadores cuentan con un mejor nivel educativo, ya que son economías dirigidas hacia sectores de mayor valor agregado. Uno de los desafíos más interesantes que tiene nuestro país es la migración de nuestras actividades económicas hacia industrias de mayor valor agregado y con una demanda laboral dirigida a personas bien preparadas y con habilidades técnicas.

 Fuente: OCDE.

Fuente: OCDE.

Aún con estas tasas, el ingreso percibido de una persona aumenta de forma considerable al contar con una mejor educación. En México, una persona con educación media superior gana en promedio 1.5 veces el ingreso de quienes sólo tienen primaria terminada. Y la diferencia se acentúa conforme el nivel educativo es más alto: un trabajador con posgrado percibe remuneraciones 13.5 veces mayores que uno que sólo concluyó la primaria. Tomando en cuenta que las diferencias en las tasas de desempleo son menores que las diferencias en ingreso derivadas de una mayor escolaridad, el valor esperado de obtener un trabajo mejor remunerado aumenta al tener una mejor preparación académica.

 Fuente: Elaboración propia con datos de la OCDE.

Fuente: Elaboración propia con datos de la OCDE.

En nuestro país hay un alto grado de matriculación escolar cuando los niños tienen 5 años de edad, y aunque es natural que dicha proporción disminuya a medida que la edad de la población aumente, el caso de México realmente llama la atención. La tasa se desploma al elevarse la edad de la población. Con respecto a la media de la OCDE, las tasas de matriculación escolar también caen, pero no de la manera en que sucede en México.

 

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El abandono escolar en México obedece a muchas causas: los altos costos de transporte que enfrentan los alumnos en México, la necesidad de trabajar para ayudar a la familia a salir adelante y la falta de becas o financiamientos académicos son algunos elementos que fomentan el abandono escolar. Sin embargo, no se puede dejar de lado la mala percepción que existe en algunos sectores de la población acerca de los beneficios educativos.

Acerca de este tema, Robert Jensen realizó un estudio (“The preceived returns to education and the demand for schooling”, 2010.) en República Dominicana, a través del cual logró demostrar que la comunicación de los beneficios asociados a una mayor escolaridad tiene un impacto positivo en las tasas de matriculación. El simple hecho de proporcionar información a los alumnos acerca de cuánto más pueden ganar al llegar a la edad madura las personas con unos cuantos años más de estudio ayuda a elevar las tasas de matriculación escolar y a disminuir las de deserción.

Es incuestionable que la educación en México tiene muchas deficiencias y aún existen muchos retos educativos por superar. Pero aunado a esto, una percepción negativa de los beneficios educativos y una subvaluación de las bondades de una mayor escolaridad derivan en menores tasas de matriculación. Por ello, una mejor campaña de difusión acerca de los beneficios inherentes a la educación puede influir, con un muy bajo costo, en menores tasas de deserción en las escuelas y brindar un panorama más prometedor en el futuro de cada uno de los mexicanos y el país en su conjunto.

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AuthorImpacto Social Consultores