Los gobiernos en todo el mundo y, en particular, en América Latina enfrentan una tensión entre recursos limitados y necesidades extraordinarias. En el largo plazo, se piensa que los países sólo pueden combatir el déficit fiscal con recortes en el gasto o con mayores impuestos. Sin embargo, hay una tercera vía, menos dolorosa y con más beneficios: la innovación.

Por su enorme resistencia al cambio, el sector público tiene grandes oportunidades de mejorar su eficiencia y eficacia al innovar, al intentar soluciones nuevas y evaluar sus resultados para resolver problemas viejos. En varios países y en diversas áreas, desde el desarrollo de infraestructura hasta el acceso a servicios de salud, la innovación ha sido un aliado para generar ahorros sin imponer mayores cargas a los ciudadanos.

En el sector salud, se han encontrado múltiples oportunidades de ahorro en priorizar la prevención sobre el tratamiento de enfermedades. De manera concreta, por ejemplo, en México se ha generado evidencia de que intervenciones de bajo costo que involucren a padres de familia, maestros y estudiantes pueden tener efectos considerables en una alimentación más saludable y una mayor actividad física.

Para el desarrollo de infraestructura, el gobierno ha innovado no sólo en la adquisición de nuevas tecnologías para brindar mejores servicios; sino también y, sobre todo, en el uso de esquemas de financiamiento más novedosos, como las alianzas público privadas (APP). A partir de dos décadas exitosas de experiencia con las APP en Europa y Asia, los países de América Latina han encontrado una forma de financiar el desarrollo sin necesidad de imponer impuestos o limitar el gasto social. Las APP han sido un instrumento financiero participativo y efectivo para la provisión de infraestructura y servicios públicos.

En el sector educativo, por ejemplo, el nivel de escolaridad en los países de la región es consistentemente bajo a pesar de los altos rendimientos que produce ir a la escuela. Sin embargo, estudios realizados en Chile y República Dominicana han identificado medidas que mejoran sustantivamente el nivel de escolaridad con intervenciones relativamente sencillas y de bajo costo, basada en mecanismos de comunicación que permitan conocer los beneficios de la educación en términos de ingreso e informar sobre programas de apoyo a la educación y maneras de obtenerlos.

Programas que permitan combatir la deserción escolar y promover la empleabilidad de los jóvenes son especialmente importantes y urgentes en América Latina, donde el bono demográfico que hoy es una oportunidad puede convertirse en una amenaza si no se aprovecha adecuadamente. En este sentido, en Colombia se ha generado evidencia de que el sector público puede mejorar las probabilidades de que los jóvenes tengan empleos formales y bien remunerados, si innovan en sus programas de capacitación para el trabajo.

La importancia de la innovación en el sector público ha sido reconocida por organismos internacionales que han desarrollado esquemas como el observatorio de innovación gubernamental de la OCDE o la iniciativa de Soluciones Innovadoras del Banco Mundial. El mayor reto, sin embargo, es que los gobiernos a nivel nacional y subnacional en América Latina incursionen con mayor frecuencia en proyectos innovadores.

La innovación no sólo es una herramienta para superar viejos problemas con mayor eficacia, sino un instrumento para enfrentar una enorme demanda por servicios con una dotación limitada de recursos.