El sector energético es uno de los pilares del desarrollo. La energía es un insumo fundamental para la producción de cualquier bien y la entrega de cualquier servicio. De ahí que la infraestructura energética esté estrechamente vinculada tanto al crecimiento económico como al desarrollo social y el combate a la pobreza.

Pero al no ser una infraestructura que ofrece beneficios directos, las medidas y políticas que promueven su desarrollo no siempre son las más populares entre la población que, frecuentemente, preferirá que se arregle o se construya una calle o escuela que tienen beneficios más evidentes. Los resultados de la infraestructura energética son, en cambio, más abstractos e intangibles; la mayoría de la población percibe que no deriva ningún beneficio directo y que el desarrollo del sector sólo beneficia a grandes empresarios.

Sin embargo, la evidencia aportada por varios estudios académicos muestran que existe una correlación directa (89.9%) entre la infraestructura energética –particularmente un mayor consumo de electricidad– y el crecimiento del PIB. El consumo de energía está estrechamente relacionado con la modernización, el desarrollo urbano y la competitividad económica.

A pesar de que la infraestructura energética ha crecido significativamente en los últimos años, los países en vías de desarrollo aún carecen de energía suficiente y 1.3 billones de personas viven en pobreza energética (IAE, 2015). Los países con niveles de ingreso bajo usan solamente 2% de la energía que utilizan los países con ingreso alto y los países con ingreso medio bajo apenas 11%.

 Consumo energético por nivel de ingreso. Fuente: Banco Mundial (2013).

Consumo energético por nivel de ingreso. Fuente: Banco Mundial (2013).

 

Una mejor infraestructura energética y un mayor consumo de electricidad, no solo están correlacionadas con un mayor crecimiento económico y una mayor competitividad sino con un mayor desarrollo social. De acuerdo con USAID, el acceso a energías modernas y una mejor infraestructura energética tiene una correlación de 0.83 con la reducción de pobreza. Además, diversos estudios de la Naciones Unidas muestran que la infraestructura energética es un catalizador de desarrollo: fomenta mayores niveles de alfabetismo, inscripción y asistencia escolar, generación de empleo, mayor acceso a servicios de salud, mayor productividad, entre otros.

Para lograr maximizar los beneficios y efectos secundarios del desarrollo de la infraestructura energética es fundamental que se atiendan y limiten los costos sociales o ambientales. Debe promoverse un enfoque centrado en las personas, que incorpore sus necesidades en el desarrollo de políticas, programas, etc., de suerte que se contribuya al al crecimiento económico pero también al bienestar social.

Se deben comunicar adecuadamente las bondades de estos proyectos y gestionar un involucramiento activo de la población, así como diseñar mecanismos efectivos de resolución de conflictos sociales que permitan el desarrollo de proyectos energéticos. Una de las causa más comunes por las que la población exprese su desacuerdo al desarrollo de proyectos del sector es por desinformación y falsas expectativas tanto de sus impactos positivos como negativos. Un esfuerzo efectivo para comunicar cómo funciona cada uno de estos proyectos y cómo beneficiará directa e indirectamente a la población puede contribuir significativamente a garantizar el desarrollo de estos proyectos y promover que se compartan sus beneficios.

También es esencial tener en cuenta que cada vez existe una mayor conciencia sobre la necesidad de hacer mejor uso de los recursos naturales y evolucionar hacia energías menos contaminantes y más eficientes. Las energías renovables juegan un papel fundamental para cumplir este reto, en especial para países que no cuentan con energías fósiles. Al desarrollar energías como la eólica, solar y geotérmica se puede reducir la dependencia energética y llegar más fácilmente a lugares rurales que no cuentan con infraestructura energética.

Las energías renovables generalmente tienen costos relativamente mayores para desarrollarse y pocos países han trabajado por promover un mayor crecimiento de estas tecnologías. Se deben implementar políticas que promuevan inversiones sustentables con un mayor involucramiento de la iniciativa privada y tomando en cuenta las necesidades locales.

A medida que se desarrollan estas energías crecerá la competitividad de tecnologías, haciendo más atractiva la inversión en este tipo de proyectos. Por otro lado, cada vez se incrementará la presión por consolidar la seguridad energética y por tener una mezcla más balanceada y enfocada hacia las energías limpias. Sin embargo, sin las políticas públicas que promuevan su desarrollo y un trabajo conjunto con la población que haga ver sus beneficios será difícil que se cumpla la objetivo de garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos (Objetivo de Desarrollo Sostenible 7).

Referencias

Flavin, C. & Hull Aeck M. (2012) Energy for Development: The Potential Role of Renewable Energy in Meeting the Millennium Development Goals. Disponible en:  http://www.worldwatch.org/system/files/ren21-1.pdf

USAID (2007). The Role of Energy in Development. Disponible en: http://www.energytoolbox.org/library/infra2007/references/energy/The_Role_of_Energy_in_Development.pdf