Durante 2015 y lo que va de 2016, Costa Rica ha sido punta de lanza en la transición hacia el uso de energías renovables: se convirtió en el primer y único país del mundo en lograr que 100% de la electricidad consumida sea generada con fuentes renovables. ¿Cuáles son las barreras que enfrenta México para seguir este ejemplo y migrar hacia energías más limpias?

El primer reto que enfrenta el país es la poca capacidad instalada de energía hidráulica, la cual representa alrededor de 19% del total de medios de generación de energía en nuestro país. Por debajo del 25% que alcanza este tipo de energía en América Latina. La ventaja de las plantas hidroelécticas radica en la posibilidad de operar día y noche, a diferencia de las plantas solares o eólicas, que son productivas sólo en una proporción del día.

A pesar de que México cuenta con importantes recursos hídricos —si bien distribuidos en forma irregular— no ha sido posible aprovecharlos de manera adecuada por problemas en la planeación de los proyectos y la conflictivadad en la relación con actores y poblaciones locales. Un ejemplo de ello son tres minicentrales hidroléctricas, entre Puebla y Veracruz, cuya construcción fue frenada judicialmente. Hoy, la Secretaría de Energía ha implementado las Evaluaciones de Impacto Social como instrumento para disminuir el conflicto social, promover el desarrollo comunitario y, al mismo tiempo, aumentar la atracción de inversiones.

El segundo reto de México en la transición a energías renovables es compartido con otros sectores productivos dentro del territorio nacional: la inclusión de nuevos actores asociados a tecnologías verdes y el desplazamiento de otros vinculados a mecanismos más contaminantes. La transición energética necesariamente requiere que ciertos recursos, como el carbón y el petróleo, reduzcan su uso y por lo tanto su producción. En última instancia, esto provocará un cambio en la estrucutra actual del mercado energético, generando la resistencia de potenciales perdedores.

Otro desafío es la existencia de subsidios energéticos, principalmente en electricidad y gasolinas. De acuerdo con CIDAC, en 2013 estos subsidios representaron alrededor de 10% del PIB en México. A pesar de que estos subsidios son concebidos como una especie de apoyo a las clases de escasos recursos, en realidad son todo lo contrario, ya que las personas más beneficiadas son las que cuentan con mayores ingresos y, por lo tanto, tienen un mayor consumo energético. La cantidad utilizada en este subsidio podría destinarse a incentivar el uso de energías que sean a su vez más baratas y limpias.

La reforma energética abre nuevas vías al desarrollo de energías alternativas y fortalece la transición mexicana hacia fuentes renovables de electricidad. Y aunque todavía existen grandes obstáculos en el camino, el caso de Costa Rica es un ejemplo de que los cambios son posibles cuando existe voluntad y claridad sobre los objetivos de corto y largo plazos.

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