Por Ana Gabriela Tamayo

El pasado jueves se llevó a cabo el referéndum prometido por el primer ministro inglés David Cameron en su campaña parlamentaria de 2015.  Más de 30 millones de habitantes del Reino Unido acudieron a las urnas a decidir si deberían permanecer en la Unión Europea (UE). Con una tasa de participación del 72%, el brexit (expresión compuesta por las palabras british y exit) ganó con 52% de los votos. 

Esta no es la primera vez que se realiza un referéndum sobre la permanencia del país en la UE. En 1975, el Reino Unido celebró un referéndum sobre su papel en la Comunidad Económica Europea. Entonces, la mayoría de la población mostró su aprobación con el proyecto de integración regional. Ahora, la historia es distinta: el referéndum estuvo acompañado de una campaña encabezada por el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés) y el Partido Conservador, quienes sostienen que la permanencia de Reino Unido en la UE es un obstáculo para el desarrollo del país y representa más costos que beneficios.  

Los analistas coinciden en que el brexit tendrá mayores consecuencias para la economía, inversión y vida de los ingleses que para el resto del mundo. No obstante, cómo se desarrolle la salida de Reino Unido de la UE dependerá en gran medida de los acuerdos que se lleven a cabo con el resto de los países.  En América Latina, existe una relación estrecha con la Unión Europea, además de ser el segundo socio comercial de la región, la UEes el principal inversor en los países CELAC, aportando el 35% de la Inversión Extranjera Directa (IED) total (EUROSTAT, 2015).

No obstante, las relaciones directas con el Reino Unidos son limitadas, por ejemplo, de acuerdo con el Observatorio de Complejidad Económica (OEC), el comercio del país con toda la región sudamericana representa únicamente el 1.3% del comercio total (OEC, 2014). Esta cifra nos revela que, en general, no deberían existir consecuencias económicas a largo plazo significativas para la región. El efecto esperado más relevante son las variaciones en el tipo de cambio que se generen como consecuencia de la inestabilidad de los mercados.

América Latina es una región cada vez más abierta al comercio internacional por lo que el mercado de divisas tiene consecuencias directas en los precios internos de la región. La salida de Reino Unido de la UE podría generar una devaluación en las monedas latinoamericanas que de manera poco probable se verá acompañada de un aumento en las exportaciones que lo compense.

Sin embargo, el efecto político del Brexit  en América Latina es relevante. Desde hace unos años han surgido diversos proyectos de integración económica e incluso política en la región que, tomando como modelo a la Unión Europea han buscado integrar a sus mercados y a su gente. Los grupos como la CELAC, el Mercosur, La Alianza del Pacifico, el grupo del Alba, UNASUR entre otros, aspiran a construir una integración social y política como la que Reino Unido acaba de rechazar. El efecto simbólico que tiene la salida de Reino Unido de la UE es un golpe directo a los proyectos de cooperación internacional y libre mercado. Está por verse si en América Latina seguiremos el ejemplo inglés o lograremos cumplir el sueño bolivariano. 

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