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Vida silvestre, agua y proyectos energéticos en México

Durante el mes de marzo, la Organización de la Naciones Unidas conmemora dos fechas relacionadas con la protección del medio ambiente: 3 de marzo, Día Mundial de la Vida Silvestre, y 21 de marzo, Día Mundial del Agua. Ambos llaman la atención sobre problemas relevantes que requieren ser atendidos de manera urgente.

La primera fecha, como declaran las Naciones Unidas, “nos recuerda la necesidad urgente de combatir los delitos contra la naturaleza, lo cuales acarrean consecuencias de gran alcance en el ámbito económico, medioambiental y social”. (ONU, 2017). La flora y fauna salvajes son parte fundamental del sistema planetario, contribuyendo a la sustentabilidad y bienestar de la comunidad de la vida. Problemas globales como la pérdida del hábitat, el cambio climático y el cambio de uso de suelo por la extensión agrícola, la urbanización y el desarrollo de proyectos energéticos y extractivos presentan una amenaza potencial para una gran diversidad de plantas y animales que habitan en los ecosistemas que son degradados directa e indirectamente por actividades antropogénicas.

Por otro lado, el agua como elemento esencial para la vida, representa uno de los componentes fundamentales para garantizar el desarrollo sustentable. Los recursos hídricos, y la gama de servicios que presenta, juegan un papel clave en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sustentabilidad ambiental propicia parabienestar de la población y el crecimiento inclusivo, teniendo un impacto positivo en la vida de millones de personas (ONU, 2017). Hoy en día sabemos que los problemas relacionados con el agua están directamente relacionados con su uso y la falta de medidas precautorias que anticipen potenciales impactos en los recursos hídricos.

El aumento de la demanda energética en México ha provocado que en los últimos años diversas instancias comiencen a trabajar en el desarrollo de una estrategia energética que permita generar energía suficiente para abastecer a la población en sus diversos sectores (público, doméstico, agrícola e industrial). Medidas tomadas como la reforma energética, los acuerdos internacionales en materia de reducción de emisiones, la adhesión al cumplimiento de los Objetivos del Milenio y ahora a los del Desarrollo Sustentable colocan a nuestro país en una encrucijada, generar más energía sin depender de los combustibles fósiles y apostando por una transición energética que no ponga en riesgo los ecosistemas y sus elementos (bióticos y abióticos).

El desarrollo de proyectos eólicos, solares e hidroeléctricos, considerados por la Ley de Transición Energética como fuentes limpias, se han multiplicado, requiriendo un gran trabajo por parte de especialistas para identificar lugares potenciales para la instalación de infraestructura que permitan garantizar la generación de eficiente de energía y su viabilidad económica. Sin embargo, en muchas ocasiones estos espacios se encuentran en territorios reconocidos por su gran diversidad biológica, de más decir que México es uno de los considerados países “megadiversos”, lo que pone en riesgo flora y fauna silvestre, así como a los recursos hídricos.

Es así, que el gran desafío de la industria del sector requiere del análisis integral de una gran diversidad de factores que no sólo le beneficie económicamente, sino que tome en consideración el valor socio-ambiental que representa para las comunidades cercanas a dichos proyectos la posible afectación a especies vegetales, animales y a los recursos hídricos de los que se benefician. A lo largo del país estamos viendo una serie de conflictos socio-ambientales relacionados con el desarrollo de proyectos del sector energético que no contemplan los impactos que pueden generar, algunos ejemplos de esto son las afectaciones a poblaciones de murciélagos por la instalación de aerogeneradores en Oaxaca[1], o la desviación de caudales para la construcción de mini hidroeléctricas en Puebla[2].

Los ejemplos son muchos y cada uno de ellos tiene menor o mayor nivel de complejidad y profundidad, dependiendo de los actores que intervienen y la gravedad y extensión de los impactos. Si bien desde el gobierno y la sociedad civil existen una serie de instrumentos que pueden ser ocupados para tomar decisiones y manifestar posturas, es imprescindible que las empresas comiencen a adoptar medidas que le permitan desarrollar un análisis integral de sus proyectos potenciales, al tiempo que generen programas que compensen las afectaciones que generan actualmente con sus operaciones. Dichas mejores prácticas, como las que pueden ser encontradas en la publicación conjunta entre Global Compact y KPMG[3]SDG Industry Matrix: Energy, Natual Resources & Chemicals”, son impulsadas por una gran variedad de organismos internacionales y es momento de que la iniciativa privada las ponga en práctica.

Durante el mes de marzo, la Organización de la Naciones Unidas conmemora dos fechas relacionadas con la protección del medio ambiente: 3 de marzo, Día Mundial de la Vida Silvestre, y 21 de marzo, Día Mundial del Agua. Ambos llaman la atención sobre problemas relevantes que requieren ser atendidos de manera urgente.

La primera fecha, como declaran las Naciones Unidas, “nos recuerda la necesidad urgente de combatir los delitos contra la naturaleza, lo cuales acarrean consecuencias de gran alcance en el ámbito económico, medioambiental y social”. (ONU, 2017). La flora y fauna salvajes son parte fundamental del sistema planetario, contribuyendo a la sustentabilidad y bienestar de la comunidad de la vida. Problemas globales como la pérdida del hábitat, el cambio climático y el cambio de uso de suelo por la extensión agrícola, la urbanización y el desarrollo de proyectos energéticos y extractivos presentan una amenaza potencial para una gran diversidad de plantas y animales que habitan en los ecosistemas que son degradados directa e indirectamente por actividades antropogénicas.

Por otro lado, el agua como elemento esencial para la vida, representa uno de los componentes fundamentales para garantizar el desarrollo sustentable. Los recursos hídricos, y la gama de servicios que presenta, juegan un papel clave en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sustentabilidad ambiental propicia parabienestar de la población y el crecimiento inclusivo, teniendo un impacto positivo en la vida de millones de personas (ONU, 2017). Hoy en día sabemos que los problemas relacionados con el agua están directamente relacionados con su uso y la falta de medidas precautorias que anticipen potenciales impactos en los recursos hídricos.

El aumento de la demanda energética en México ha provocado que en los últimos años diversas instancias comiencen a trabajar en el desarrollo de una estrategia energética que permita generar energía suficiente para abastecer a la población en sus diversos sectores (público, doméstico, agrícola e industrial). Medidas tomadas como la reforma energética, los acuerdos internacionales en materia de reducción de emisiones, la adhesión al cumplimiento de los Objetivos del Milenio y ahora a los del Desarrollo Sustentable colocan a nuestro país en una encrucijada, generar más energía sin depender de los combustibles fósiles y apostando por una transición energética que no ponga en riesgo los ecosistemas y sus elementos (bióticos y abióticos).

El desarrollo de proyectos eólicos, solares e hidroeléctricos, considerados por la Ley de Transición Energética como fuentes limpias, se han multiplicado, requiriendo un gran trabajo por parte de especialistas para identificar lugares potenciales para la instalación de infraestructura que permitan garantizar la generación de eficiente de energía y su viabilidad económica. Sin embargo, en muchas ocasiones estos espacios se encuentran en territorios reconocidos por su gran diversidad biológica, de más decir que México es uno de los considerados países “megadiversos”, lo que pone en riesgo flora y fauna silvestre, así como a los recursos hídricos.

Es así, que el gran desafío de la industria del sector requiere del análisis integral de una gran diversidad de factores que no sólo le beneficie económicamente, sino que tome en consideración el valor socio-ambiental que representa para las comunidades cercanas a dichos proyectos la posible afectación a especies vegetales, animales y a los recursos hídricos de los que se benefician. A lo largo del país estamos viendo una serie de conflictos socio-ambientales relacionados con el desarrollo de proyectos del sector energético que no contemplan los impactos que pueden generar, algunos ejemplos de esto son las afectaciones a poblaciones de murciélagos por la instalación de aerogeneradores en Oaxaca[1], o la desviación de caudales para la construcción de mini hidroeléctricas en Puebla[2].

Los ejemplos son muchos y cada uno de ellos tiene menor o mayor nivel de complejidad y profundidad, dependiendo de los actores que intervienen y la gravedad y extensión de los impactos. Si bien desde el gobierno y la sociedad civil existen una serie de instrumentos que pueden ser ocupados para tomar decisiones y manifestar posturas, es imprescindible que las empresas comiencen a adoptar medidas que le permitan desarrollar un análisis integral de sus proyectos potenciales, al tiempo que generen programas que compensen las afectaciones que generan actualmente con sus operaciones. Dichas mejores prácticas, como las que pueden ser encontradas en la publicación conjunta entre Global Compact y KPMG[3]SDG Industry Matrix: Energy, Natual Resources & Chemicals”, son impulsadas por una gran variedad de organismos internacionales y es momento de que la iniciativa privada las ponga en práctica.

[1] Los parques eólicos generan prosperidad en Oaxaca, pero no para todos: https://www.nytimes.com/es/2016/08/01/los-parques-eolicos-generan-prosperidad-en-oaxaca-pero-no-para-todos/

[2] Frenan 3 mini hidroeléctricas en los límites de Puebla y Veracruz:

http://www.e-consulta.com.mx/nota/2015-04-23/medio-ambiente/frenan-3-mini-hidroelectricas-en-limites-de-puebla-y-veracruz

[3] https://www.unglobalcompact.org/docs/issues_doc/development/SDG-industry-matrix-enrc.pdf