La infraestructura energética está estrechamente vinculada tanto al crecimiento económico como al desarrollo social y el combate a la pobreza.

“Si vuelven, les secuestramos a alguien. Ya sabemos que sólo así nos cumplen”.  Con esta frase iniciaron los líderes de una comunidad sus planes para negociar con una empresa que pretendía construir un ducto en su territorio. Tras años de relaciones viciadas por un monopolio estatal en el sector de energía, las comunidades dudan de los beneficios sociales de los proyectos energéticos. Por eso, las evaluaciones de impacto social (Evis) son relevantes.

A pesar de décadas de trabajo y billones de dólares invertidos en impulsar el desarrollo social de América Latina, los esfuerzos gubernamentales han sido insuficientes para alcanzar niveles elevados de bienestar en la región. Es necesario trabajar por mejores políticas públicas y programas gubernamentales promoviendo el uso de evaluaciones de impacto de manera que verdaderamente se logren los objetivos de los programas y políticas y se haga un uso efectivo de los recursos públicos.