La infraestructura energética está estrechamente vinculada tanto al crecimiento económico como al desarrollo social y el combate a la pobreza.

A pesar de décadas de trabajo y billones de dólares invertidos en impulsar el desarrollo social de América Latina, los esfuerzos gubernamentales han sido insuficientes para alcanzar niveles elevados de bienestar en la región. Es necesario trabajar por mejores políticas públicas y programas gubernamentales promoviendo el uso de evaluaciones de impacto de manera que verdaderamente se logren los objetivos de los programas y políticas y se haga un uso efectivo de los recursos públicos.